Ser anónimo no significa estar oculto. No estoy preocupado por ocultar mi identidad. Significa, sin embargo, querer que la música tenga su propio nombre. Significa vencer al ego, en una gloriosa y épica batalla de acordes. Significa dejar que cada uno imagine su propia vida en cada canción sin tener la imagen de un artista sobre ellas. Es dejar que la música triunfe, transporte y cure. Esa fue, es y debió haber sido siempre el objetivo del arte.

Éstas son muchas de las canciones que compuse en guitarra para mi hija. Fueron hechas desde la honestidad y el amor mas profundo que pueda existir sobre la tierra: el amor a los hijos. Cuando esa honestidad apareció, era abrumadora pues no era solo mía: pertenece a todos aquellos que creemos en la vida, la verdad o la ética. Cuando comencé a grabar estas canciones -primero con un teléfono! – tomaron una vida propia que entendí debía ser libre. Si esto ocurre cuando las escuchen, si el universo que yo vi también pueden verlas otros, entonces la música habrá triunfado. Y yo desde el silencio, estaré feliz.

Son canciones para el mañana que hablan de un mensaje, de un lugar adonde ir o recordar. No somos nada si no recordamos. Es también una declaración de principios y un acto de rebeldía al mundo de la música actual: podemos hacer arte con mejores intenciones. Eso debiera ser el futuro.

Gracias a todos aquellos que apoyan esta atrevida idea, y por guardar el secreto. Solo pido una cosa a cambio: que lo compartan, que lo regalen, que disfruten y que triunfemos todos en esta maravillosa aventura de la música. Mi hija y yo lo haremos.

 

abrazo,
The Q Father.